Amor, amor, amor
Amor, amor, amor,
nació de ti, nació de mí,
de la esperanza.
Amor, amor, amor,
nació de Dios para los dos,
nació del alma
(Compuesta por: Gabriel Ruíz / Ricardo López Méndez.)
Este bellísimo bolero, ha tenido muchos intérpretes, entre ellos, el trío los Panchos, Julio Iglesias y Luis Miguel. Y es el punto de partida para mi letra de este día.
Si
hay un sentimiento sobre el cual han corrido ríos de tinta, bien sea en la
poesía, novelas, música y otras manifestaciones artísticas, sin duda alguna ese
es el amor, sentimiento que afianza las relaciones, caracterizado por su
entrega, su confianza, generosidad, paciencia y tolerancia.
Por
regla general, los seres humanos solemos estar rodeados y permeados por este
sentimiento desde nuestros primeros momentos, teniendo como punto de partida el
hogar a donde hemos llegado, lo que ha conllevado a nuestro desarrollo afectivo
y emocional, ya que usualmente damos de lo que recibimos (evidentemente aquí
hay una gran escala de grises de excepciones, pero eso puede ser otra letra).
Después
del hogar, está el amor de los amigos verdaderos, aquellos que se convierten en
hermanos, no por la sangre sino por la afinidad con que nos identificamos con
ellos y me atrevo a decir que, de esos, cada uno de nosotros tiene algunos
pocos totalmente incondicionales. Podemos tener muchos amigos y conocidos, pero
muy pocos caben en esa categoría de los que se suelen nombrar amigos del alma.
Y
están aquellos amores con los cuales hemos decidido compartir nuestras vidas
desde un vínculo afectivo aún mas profundo y arraigado, el amor de pareja.
Me atrevo a decir que todos hemos tenido decepciones amorosas a lo largo de los años, relaciones que nos han lastimado y roto el corazón, incluso sin que hallamos sabido la razón. Para muestra un botón: en mi juventud, 16 años tal vez, tuve mi primera novia de la cual me reservo el nombre. Eso fue con pedida de permiso a la mamá, como era la usanza de la época, y aquí debo decir que, posiblemente jugó a mi favor el hecho de que me viera un poco mayor a mi edad.
Como haya
sido, lo más que podíamos hacer con mi novia, era salir a caminar y de pronto algún
fresco o ir a hacer visita en su casa un rato, dándose el caso de que no
siempre nos podíamos ver seguido. Adicional a eso, para la época mis ingresos
dependían exclusivamente de lo que me pudieran dar en mi hogar y usualmente eso
no era mucho. Debo decir que tampoco la llegué a llevar a la casa, de hecho,
mis padres y mis hermanas la vinieron a conocer un domingo que nos encontramos
por casualidad recorriendo las calles de Fontibón, con lo que ya se dio la
posibilidad de poder llevarla a casa oficialmente, situación que tampoco se
concretó porque al poco tiempo de ese encuentro y sin previo aviso, mi flamante
novia “me dio el ácido” sin que hubiera mediado explicación alguna, con un
simple “no podemos seguir”, me echó por un volado, cosa que me dolió bastante
porque yo sí sentía quererla mucho.
Viendo
en retrospectiva, no considero que yo haya sido muy noviero. Si tomo como punto
de partida mis 16 años, fueron 4 novias con las que compartí amores antes de mi
primer matrimonio con una maravillosa mujer, Astrid, de quien ya les he hablado
en otros momentos, siendo ella la cuarta novia y con la que tuve el mayor
noviazgo, dos años largos desde 1995, mayormente por correspondencia y llamadas
hasta cuando me radiqué en Medellín en 1997, año en que nos casamos, con el
añadido que desde 1991 no tuve novia, al punto que mis compañeros en el
batallón llegaron a pensar que yo pateaba para el equipo contrario.
Y
he recibido la enorme bendición de tener en mi vida a otra gran y maravillosa
mujer, que por gracia de Dios, porque así lo he visto siempre, vino a alegrar
mis días con su calidez, dulzura, paciencia, comprensión y amor incondicional,
mi amada esposa Doris, que llegó a mi vida un poco antes de cumplir dos años de
viudez y con quien ya estamos ad portas de ajustar algo más de 23 años de amores y 22 de
casados, los cuales han estado llenos de momentos de todos los colores, como
suele suceder en toda relación, en donde la constante han sido el amor y
respeto mutuos, sazonadas con risas, alegrías, tristezas, trabajo en equipo y
participaciones conjuntas en pro de los demás según nuestras capacidades.
En
todos estos años, lo más que hemos estado separados, fue casi un mes cuando mi
padre murió y tuve que quedarme en Bogotá por asuntos propios del deceso y los
trámites que se cursaron por esa situación, aunque Doris asegura que para ella
fueron como treinta años. Luego de eso, tuve otra salida de tres días, cuando
celebramos con mis compañeros de colegio los treinta años de nuestra promoción
de bachillerato. Y por parte de Doris, cuando estuvo haciendo un curso de
fotografía, se ausentó una semana, y en todos esos momentos, las ausencias se
sentían bastante fuertes. Ya les he contado que ella y yo andamos la seca y la
meca, y que cuando de pronto debemos hacer alguna diligencia solos, la gente
siempre pregunta por el otro.
Por
tanto, esta es otra ocasión para expresarle a Doris mi gratitud por haber
correspondido a mis galanteos, y que un primer beso que le di en la frente, haya sido el inicio de un idilio donde ella me dio la oportunidad de compartir mi vida con
una persona íntegra, emprendedora, pero, sobre todo, enamorada, que me ha
sabido entender, consolar y comprender. Dios permita que podamos seguir
disfrutando juntos esta experiencia maravillosa de vida. Creo en el amor de
pareja, creo en la posibilidad de convivir en esa tónica de perseverancia y
entrega recíproca, y lo creo porque lo he vivido durante muchos años, lo que me
ha resultado en una experiencia de vida sumamente reconfortante, y es gracias a
que tengo a mi lado a una amiga, novia, amante y esposa con un corazón que vale
oro. Gracias, mi amada Doris por toda tu generosidad para conmigo. Un abrazo y
hasta la próxima.
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