Si te vi, no te conozco
Cuando era niño, recuerdo que, en alguna parte, tal vez en la casa de mi abuelo Martín, había un libro de cuentos infantiles, en donde se incluían muchas de las famosas fábulas de Esopo, y recuerdo que me gustaban mucho por la manera en que le daba voz a los animales y, de paso, ellos nos dejaban una enseñanza. Tiempo después, tal vez en bachillerato, me encontré nuevamente con esas historias ya con un ojo un poco más crítico, pero si he de ser franco, dejé de pensar tanto en Esopo cuando conocí los cuentos de los hermanos Grimm que, para comodidad de muchos de nosotros, los vimos en forma de caricaturas en la televisión nacional de la época. Traigo a colación a Esopo, porque el tema de la antropomorfización de los animales no es que sea precisamente nuevo, pero si ha venido tomando un auge muy grande en los últimos tiempos y, si bien es cierto que me gustan estas criaturas, hay situaciones que definitivamente me descolocan, como que los carguen en coches para bebés, les pongan r...