Cuando el niño interior sale a jugar
Si hay algo que me encanta mucho, es poder reírme de las cosas, y si en ocasiones en esas caigo yo mismo, pues la verdad no me choca. Hoy en la mañana, pasamos por un centro comercial que está cercano a nuestra casa y me he sabido encontrar estas pirinolas gigantes, así que, ni corto ni perezoso, me subí en una de ellas y empecé a dar vueltas, al punto que ni siquiera me di cuenta de en qué momento Doris sacó el celular para inmortalizar el momento. Valga la claridad de que la caída no estaba incluida en mis planes de esparcimiento, así que las risas son ciento por ciento genuinas. Amos el humor, me gustan los juegos, soy de los que pasa por un parque y si veo columpios o deslizaderos, me monto en ellos, porque inmediatamente me traslado a aquella infancia en que los juegos de calle estaba a la orden del día, marcados por raspones cortaduras y de pronto algún chichón en la cabeza, pero con la cara colorada de correr, gritar y jugar hasta quedar rendidos, cuando la hora de entrada ...