Hoy presentamos… "Crónica de un trámite casi interminable"
Publicada originalmente en Facebook el 30 de agosto del 2021
La
vaina comenzó en febrero, cuando recibí un mensaje de texto donde cordialmente
me estaban invitando a ponerme al día con mis obligaciones de semaforización
por parte de la entidad de tránsito en donde tenía inscrita a Martina, mi moto.
Es
de mencionar que sentí cierto resquemor por el pago, ya que, a ese momento, la
susodicha Martina llevaba un poco más de siete meses parqueada y envuelta en
plástico al frente de mi casa.
Dicho
sea de paso, ese confinamiento del vehículo se debió a que no pasó la pre revisión
de la técnico mecánica que se debe hacer anualmente, y justo cuando iba a
hacerla reparar, cosa que conllevaba a reparación total de motor, fue en la
época en que aquí en Medellín cerraron el centro. Ya para ese tiempo la verdad
es que yo no estaba saliendo mucho que digamos, así que, sin más reparos,
Martina compartió el enclaustramiento, como cualquier buen y respetuoso
ciudadano de las normas impuestas por la pandemia.
Cuando
realicé el pago de la semaforización, y luego de consultar con mi esposa,
empezamos a hacer cuentas sobre el particular y el posible futuro de Martina:
reparación de motor, revisión de luces, revisión técnico-mecánica y encima
seguro obligatorio que estaba a punto de vencerse, llegando a la conclusión de
que me salía más caro el caldo que los huevos.
Así
las cosas, hace casi un mes, tomé la determinación de darle mecánica sepultura
a Martina, cosa que resultó bastante compleja. De entrada, requería paz y salvo
de semaforización e historial del vehículo expedido por la correspondiente
oficina de tránsito, de ahí certificado de la Sijin por antecedentes, que
también hay que pagarlo, transporte, disposición final del vehículo en una
entidad debidamente aprobada por el Ministerio de Transporte y, finalmente, la
cancelación definitiva de la matrícula con sus correspondientes documentos,
incluido el formulario para el trámite final.
Todo
esto conllevó no pocas visitas a la oficina de tránsito a diferentes trámites,
sacar cita vía Internet en la Sijin, ir a bancos y hacer consignaciones, y
cuando por fin se llegó el día del traslado a la desintegradora, ese espacio
para la chatarrización del vehículo que ya les mencioné, le salió otra pata al
gato.
Ya
in situ, el encargado me indicó que en el RUNT (Registro Único Nacional de
Transporte, por si de pronto algún lector no conoce el término) se presentaba
una novedad, consistente en que en la descripción del vehículo, la plataforma
no indicaba el número de ejes de la moto, esto es, no tenía la cifra cero (0),
razón por la cual no se podía generar por parte del RUNT, el correspondiente
certificado de desintegración, esto debido a un cambio en la plataforma y que
debía dirigirme nuevamente a la oficina de tránsito para solicitar la
modificación. Aquí una breve acotación, no tuve que devolverme con la moto, se
quedó en el punto para la desintegración, por fortuna para mí.
Esta
desintegradora se encuentra a las afueras de Medellín sobre la autopista
Medellín-Bogotá, y la oficina de tránsito se encuentra al otro extremo, en
Envigado, calculen entonces el recorrido, eso sí contando con la ventaja de
tener el Metro relativamente cerca del punto donde nos dejaba el bus, dado que
mi esposa me acompañó en algunos momentos. Eso fue el viernes 20 de agosto.
Ese
mismo día, me fui muy juicioso nuevamente a la oficina del tránsito, contacté
al encargado y el me dijo, con copia en mano, que a ellos si les aparecía el
condenado campo diligenciado con el número de ejes. Como ya empezaba a sentir
cierto ardor en la cara y no precisamente efecto del sol, el sábado me
comuniqué con el RUNT en Bogotá, con tan buena suerte que me contestaron al
tercer timbre, me atendió una joven muy cordial, le expuse lo sucedido, le
indague que, si en mi calidad de ciudadano podría yo elevar la petición para
solicitar la modificación ya referida y me dijo que no, que era directamente la
oficina de tránsito quien debía hacer la solicitud.
El
lunes 22, otra vez al tránsito a contarle lo sucedido a la persona que me había
atendido, entonces que debía hacer un oficio dirigido a la Secretaría de
Tránsito, especificando el requerimiento, mismo que elaboré en una de las
papelerías cercanas, con tan buena suerte que ese mismo lunes se pudo dejar el
trámite en proceso, mismo que según me indicaron se podría tardar hasta otros
ocho días. sin embargo, conté con buen viento y el miércoles 25, ya el cambio
era visible en el RUNT.
El
último periplo ocurrió hoy, con levantada desde las 5 de la mañana para estar
en la oficina del tránsito lo más temprano posible, acompañado de una lluvia
menuda pero insistente, y una espera de cerca de cuatro horas solo para recibir
el turno, de ahí otras tres horas con 20 minutos para que me entregaran la
respectiva Resolución de cancelación de matrícula.
Ni
les cuento a cuánto ascendió el monto total de gastos, incluidos tintos,
alimentación y transporte, además de los que mencioné algunas líneas atrás.
Baste decir que siento que fue un entierro muy costoso, todo por hacer las
cosas dentro de lo legal, pero eso sí, quedo tranquilo, máxime porque de esta
tierra lo único que queda son nuestras acciones, lo material no se puede llevar
al otro lado.
Por lo pronto no me quedaron ganas de comprar ningún vehículo, ahí está el transporte público y es una manera de aportar un poquito a la conservación del planeta. Esta hazaña comenzó el 1 de agosto y apenas hoy 30 de agosto la pude completar. Así que, si alguien está en una situación similar, tómense el tiempo, saneen los asuntos de sus vehículos y quítense una carga material de encima.
Hasta la próxima.
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