Truenos dolorosos
| Imagen tomada de https://n9.cl/65vpp5 |
Llevo ya un poco más de 28 años viviendo en Medellín, una ciudad vibrante, pujante, muy bella, que sufre las innumerables cosas malas que puede tener cualquier otra ciudad: consumo de estupefacientes, delitos de toda clase, hinchas de fútbol energúmenos que rayan en la criminalidad, falta de empleo, problemas de transportes, vías en mal estado, en fin, lo que se puede vislumbrar en muchas otras latitudes.
Pero hay un tema con el cual no he podido y es una muy diciente tradición que le da la bienvenida a diciembre: la alborada navideña, un atentado atroz contra la calma, la naturaleza, la salud de las personas, la tranquilidad de los animales, eso sin mencionar el peligro que se da por la manipulación indebida de pólvora con los correspondientes accidentes y quemados, y el costo en dinero, sería mucho mejor invertir eso en obras de beneficencia, pero lastimosamente hay gente que tiene el sentido social y de la caridad a la altura de una piedra en el piso. En
honor a la verdad, desde muy temprano el 30 de noviembre estuve rogando para
que lloviera en la noche, a ver si así se frenaba la guachafita de la malvada
quema, y la cosa pareció ir bastante bien, ya que el agua hizo presencia mucho
rato, al punto que a la tradicional media noche, no se sintió tanto estruendo,
el problema fue que unos minutos más tarde, el cielo estalló como si de una
guerra campal se tratara, situación que se prolongó por mucho rato.
Hasta
hoy, 11 de diciembre, ya van en Antioquia 63 casos de personas lesionadas con
pólvora, con la consabida saturación de las unidades de quemados en los hospitales,
siendo Medellín la que lleva la delantera con 33, pero esto solamente de lo que
se ha reportado, ya que con total seguridad hay un subregistro de quienes, por
temor a las sanciones de las autoridades, no se han presentado a centros de
salud para ser atendidos, con lo que el panorama se complica aún más. Y lo peor
de todo esto es que los niños no han estado exentos de esto. Lástima por tanto
imprudente.
Esto me trajo me trajo a la memoria un par de recuerdos de mi tierna infancia. No me las voy a dar de inocente, siendo niño quemé pólvora, en especial los totes porque mayormente los encendíamos con los zapatos, y llegué a estallar mechas, pero precisamente debido a uno de esos elementos, le agarré fastidio a la pólvora, ya que una vez me lastimé una mano por andar manipulando uno de estos objetos, tendría tal vez 12 años, razón por la cual deje de emplearla, al punto que ni siquiera enciendo luces de bengala. Y tuve un condiscípulo en mi primer colegio del bachillerato que tenía una lesión a la altura de uno de sus lagrimales, no recuerdo cuál, pero sí que le lloraba casi que permanentemente, gracias a la quemadura sufrida, justamente con una chispita.
Sofi
también sufrió las consecuencias de esta postura, ya que de niña no la dejaba
acercarse a nada que oliera a pólvora, pese a sus insistentes reclamos, coas
que recordó con lujo de detalles hace unos días en medio de la celebración de los
15 años de una familiar. Cuando menos me di cuenta, estaban repartiendo
bengalas a diestra y siniestra a adultos y niños por igual, para encenderlas y
cantar el cumpleaños feliz. Evidentemente no recibí la mía, y ya cuando se hizo
el canto y se apagaron las chispitas, Sofí supo decir sabiamente “ahora
entiendo por qué mi papá no me dejaba quemar chispitas de chiquita, esa cosa
calienta mucho”. Lección aprendida.
En
lo personal, yo asocio la Navidad a una celebración de corte más espiritual, eso
si con todo el amor hacia los demás, pero no necesariamente enmarcada en el
despilfarro, las carreras, y la cacería de promociones de fin de año para
empezarlas a pagar en febrero, y si está en la capacidad de las personas ir a
visitar a sus familiares lejanos, pues qué bueno poder hacerlo, compartir, festejar,
pero sin excesos.
Me
duele en el alma que haya personas dispuestas a quemar su dinero en vez de
servir a algún necesitado, que posiblemente esté a su alrededor. Me duelen los
quemados en los hospitales y las secuelas que seguramente van a sufrir. Me
duele la irresponsabilidad de tanto adulto que deja que menores de edad
manipulen pirotecnia, en ese orden de ideas, que asuman las consecuencias de
sus actos.
No
sé cuándo será ese ese cuando y esa dichosa Navidad en que las personas van a
tomar plena conciencia del daño tan terrible que se hace con ese manejo indebido
de la pólvora, falta demasiada conciencia social, este año tampoco valieron las
campañas ni los decomisos, es como si el respeto por el otro no valiera nada.
Ojalá eso cambie y ojalá no tengamos más quemados en ninguna parte del país.
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