A Elizabeth, con cariño.

 



Esta letra de hoy va dedicada a una maravillosa persona, Elizabeth de la Rosa, a quien con cariño le decíamos la tía Eli, esposa de mi cuñado Gabriel, madre de Carito y Stiven, que partió a la presencia del Padre Eterno el pasado 12 de enero, y que fue junto a su esposo nuestra madrina de matrimonio.

La conocí hacia finales de marzo del 2002, en una reunión que se adelantó en la casa de mi suegra Rosa Adela, en donde se dio la ocasión para informarle a la familia del feliz embarazo de Doris, cosa que alegró mucho a todos.

Oriunda de Tolú, llevaba muchísimos años viviendo en Bello, Antioquia junto a su esposo e hijos y tenía buena relación con sus hermanos, tanto que estuvo muy al pendiente de la última etapa de la vida de su hermana Poli quien partió hace ocho meses.

Recuerdo a Elizabeth como una persona muy amable, le gustaba reírse con ganas y se esforzaba en sus labores lo más que podía, siendo una gran esposa y madre. Tenía muy buenas dotes culinarias y le gustaba mucho que fuéramos a su casa y se entristecía sobremanera cuando se llegaba la hora de irse la visita.

En las reuniones que se solían hacer en casa de mi suegra, participaba mucho, bailaba y se reía, charlaba animadamente y no era usual verla triste o pensativa.

Si tenía la posibilidad de ayudar, lo hacía, y llamaba con cierta regularidad para averiguar por la familia, Doris y ella tenían una relación bastante cercana.

Cuando Doris y yo le informamos a la familia nuestra decisión de contraer matrimonio, se llenó de inmensa alegría y sin pensarlo dos veces dijo “Cuñis, me pido ser la madrina con Gabo”, con lo que se solventó la búsqueda de los padrinos para el magno acontecimiento nupcial.

Luego del matrimonio, cada llamada suya a Doris incluyó la infaltable pregunta “¿qué hay de mi ahijado?” tomando muy en serio su papel de madrina.

Desafortunadamente, la partida de Poli, le causó a ella una gran tristeza, ya que eran sumamente unidas, con lo que su salud se empezó a ver comprometida, lo que llevó a su ingreso en el hospital el 17 de diciembre, de donde partió a mejor vida el ya mencionado 12 de enero.

Su partida nos deja con un gran vacío a su esposo e hijos, así como a todos sus demás familiares y amigos. Confiamos a Dios su alma y que la tenga ya disfrutando de la vida nueva, y para nosotros la fortaleza para superar este momento tan difícil, recordando su vida con amor y alegría.

Paz en su tumba.

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