Cuando no entendemos la sed del otro (2)
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Esta foto de Autor desconocido está bajo
licencia CC BY-NC
Desde hace un tiempo, sigo algunos de los contenidos del comediante Franco Escamilla y de Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro (los del Águila descalza), usualmente me divierten mucho, pero ya la cosa empezó a tomar un cariz diferente.
En la madrugada del 2 de enero, me soñé con Franco, andábamos chismeando que da gusto, hablando como si fuéramos buenos amigos de toda la vida, e incluso lo acompañé a comprar varios chococonos y sándwiches de helado que le iba a llevar a los del Squad (su equipo de trabajo) y a Gaby, su esposa y sus hijos. Estando en la caja haciendo el pago, me desperté sin sorprenderme la risa que me acompañó en ese justo momento.El sueño de la madrugada del sábado 3 de enero me encontró en un pequeño teatro en donde al parecer, yo hacía las veces de portero. Mi esposa me acompañaba junto a otras personas, a las cuales no reconocí y estábamos conversando animadamente.
En estas andábamos cuando en cierto
momento, una voz melodiosa comenzó a cantar afuera del local, a lo que me
emocioné grandemente porque reconocí esa voz. “Gorda, llegaron Cristina y el
negro” le dije, mientras salía raudo y veloz a abrir la puerta. Y efectivamente
al abrir me encontré con los célebres personajes de una de las mejores
instituciones de teatro del país. Todos los presentes saludaron de buen agrado
a los recién llegados, e incluso Carlos Mario le puso su brazo en hombros a Doris
diciéndole con su humor característico “¿quihubo pues mamita, lista pa la
fiesta o qué?, lo que provocó muchas carcajadas en los asistentes, Doris
incluida, con lo que la fuerza de las risas me despertó.
Salimos a nuestra habitual caminata con Doris
y le conté en el camino lo acontecido en los sueños, ante lo que se mostró
bastante divertida: “me imagino lo que estuvieron hablando con Franco, sabiendo
cómo le gusta el chisme a ud, jajaja”.
Pasadas
tal vez unas dos horas, llegamos a casa de nuevo y mi nieta me recibió con la noticia:
-
Abue,
están diciendo que agarraron a Maduro
-
¿Cómo
así, a qué horas”?
- Esta madrugada.
Hasta ese momento, me duraron las sonrisas que mis sueños me habían provocado.
Así que me conecté a las noticias para enterarme
de primera mano. Los titulares en Internet estaban a explotar, muchas voces se
comenzaban a pronunciar, unas a favor, otras en contra, incertidumbres,
zozobras, lágrimas de felicidad, opiniones de desconcierto, protestas por una
invasión, pero sobre todo eso, me causó un terrible desconcierto ver la xenofobia
tan rampante en redes sociales. A las pocas horas de la captura, memes llenos
de crueldad iban saliendo, como aquel que leí en un muro de FB “Ya agarraron a
Maduro ¿Para cuándo se van ustedes? Gracias” O este otro “ A ver si desocupan
rapidito porque qué gentío”
En mayo del 2023, les compartí en mi historia Cuando no entendemos la sed del otro, algunas impresiones respecto a lo que la empatía significa, pero tristemente se está viendo que esa palabra, al parecer, no se encuentra en el lenguaje común, y muchísimo menos cuando se trata de extranjeros que llevan casi treinta años sufriendo por una dictadura que ha mostrado a grandes pruebas, ser corrupta a más no poder.
Aquí no voy a
decir si lo que hizo el gobierno americano estuvo bien o mal, o si la respuesta
de la seguridad de Maduro tuvo o no que ver con que se lograra su captura, eso
se lo dejo a las leyes y los jueces, aquí lo que quiero expresar, es esa falta
de empatía y odio generalizado que he notado en muchas personas, que no tienen
la más mínima capacidad de ponerse en los zapatos de ese otro que ha sufrido y
sigue sufriendo; ese otro que tuvo que abandonar su tierra, su familia, sus
sueños, en busca de oportunidades en otras latitudes; ese otro que ha sido
víctima de los tratantes de personas; ese otro que ha visto morir a familiares y
compañeros de viaje en busca de la tierra prometida, porque les destrozaron sus sueños en su propia tierra; ese otro que ha tenido que
ver morir a sus seres queridos porque no tienen una medicina para darle; ese
otro que ha pasado días sin comer o que ha tenido que rebuscar en la basura; ese
otro que ha sufrido la violencia de un estado putrefacto por el simple hecho de
levantar su voz de protesta; ese que se ha visto en la necesidad de pedir
dinero con una bolsa de dulces y al cual no siempre es posible ayudar porque
como el, hay otros miles mendigando para un sustento.
Siempre será fácil criticar desde la comodidad del hogar, con la barriga llena y el corazón contento y menospreciar al otro porque “les quedó grande sacar a ese presidente” sin ver el panorama general y las complejidades que envuelven a un gobierno. Y lo que se viene ahora, es más incierto todavía, nadie puede prever qué va a pasar, fuera del hecho que se van a llevar muchas de las riquezas del vecino país, todavía sin tener la plena certeza de a qué costo.
Es de esas situaciones que desconciertan a más no poder, en donde muchos ven una segunda oportunidad para reconstruir, pero que también va a tomar mucho tiempo. Otros esperan la ocasión para reencontrarse con sus seres queridos, abrazarlos, celebrar con ellos, llorar con ellos y ver la vida con ojos nuevos. Hoy mi llamado es que miremos con ojos de humanidad y de empatía a todas esas personas que se encuentran en nuestro país, muchas de las cuales lo único que han procurado es buscar la manera de llevar un sustento para sus hogares, de la misma manera que lo hacemos nosotros los nacionales, porque como nosotros, ellos también tienen sueños y anhelos.
Y si, no todos han obrado de la mejor manera, pero mal haríamos en juzgarlos a todos por los errores de unos pocos, porque eso mismo es lo que hacen con los colombianos cuando estamos fuera, ¿o vamos a dejar de lado el menosprecio que la sola mención de nuestra nacionalidad causa en otros puntos geográficos porque asocian a nuestra bella tierra con el narcotráfico? ¿O es que se trata de desquitarnos con alguien más por lo que nos hacen a nosotros? porque si eso es así, definitivamente como especie nos falta mucho, pero mucho por madurar. No podemos pagar odio con odio, no podemos responder al desprecio que nos hacen con el desprecio a aquellos que también están sufriendo, eso bajo ningún punto de vista no es ni ético ni moral.
Nunca se sabe cuándo se van a invertir los papeles, Dios nos libre de que lleguemos a vivir una situación semejante a la vivida en Venezuela, ningún pueblo, ninguno, tendría por qué sufrir por culpa de sus malos gobiernos, pero cuando en los politiqueros de turno solo hay interese mezquinos, no se puede esperar más de ese poder tan mal administrado. Ojalá las cosas mejoren para los venezolanos y para todos aquellos lugares, incluido nuestro país, que sufren por culpa de gobernantes indignos, que, con discursos retóricos y artimañas, quieren convencer de que todo está bien, cuando la realidad es otra sumamente distinta. Esperemos que el nuevo amanecer traiga mejores cosas, entre ellas, un verdadero sentido de hermandad humana, de amor humano, que nos permita vernos a unos y otros como hijos de la misma tierra, con los mismos derechos y con los mismos anhelos por un mejor porvenir.

Totalmente de acuerdo contigo… increíblemente he escuchado comentarios xenofóbicos en contra de los venezolanos en Colombia, por parte de colombianos que están en EEUU de forma ilegal ñ, cuyo motivo de migración no se compara con lo que han vivido nuestros vecinos.
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