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La semana pasada, debido a fallas técnicas, no escribí la letra, tampoco es que nadie se haya quejado, así que aquí estoy nuevamente.

Como les conté en la entrega anterior, junto a mi esposa anduvimos de paseo por algunos lugares de el Valle del Cauca, entre los que estuvieron Cali, Buga, Cerrito, el corregimiento de Santa Elena y mayormente en Ginebra, lugar donde actualmente están domiciliadas nuestra hija y nieta mayores.

Resultó una estancia muy agradable, nos reímos mucho, caminamos bastante, y comimos bastante también, cosa que, en mi caso particular, se nota un poco más de lo habitual. Subí kilo y medio, lo que me lleva a bordear los 85 kg de peso en estos momentos, situación que no había tenido lugar hace mucho rato. Debo reconocer que, si se me fue algo la mano con las comidas en nuestras vacaciones, así que lo que estoy viviendo, no es gratis, por lo que me veré obligado a reajustar nuevamente mis hábitos y posiblemente tenga que ejercitarme más.

Dicen los que saben que, en mis condiciones de altura, mi peso máximo debe ser de 80 kg, lo que quiere decir que estoy un poquitín pasado. Aquí debo aclarar que mis controles médicos, para fortuna mía han salido bastante bien, tanto presión como frecuencia cardiaca y química sanguínea, dan resultados muy favorables, lo que hasta cierto punto me ha permitido estar tranquilo, y si a eso le sumo mis caminatas, pues creo que una cosa compensa la otra.

Doris me ha visto un gran espectro en materia de peso. Cuando comenzamos nuestros amores, me encontró como la letra de una canción: “flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones”. Por esa época, tal vez andaba en 70 o 72 kg. Años más tarde, alcancé los 88, lo que conllevó a una fuerte alarma y a medidas muy drásticas frente a la alimentación, lo que trajo como resultado que llegué a pesar 74 kg, bastante bien, a decir verdad. Y ciertamente me mantuve muy estable, pero los últimos 5 años, la cosa ha venido cambiando, y el aumento ha estado ahí, lento pero progresivo.

Mi médica me ha recomendado nuevamente prestarle atención a mi alimentación, incorporar algunas cosas, quitar otras, así que nuevamente me vere en la necesidad de revisar ese tema, y ojo que lo veo más por el aspecto de la salud física, más allá del de la apariencia, de hecho, una de las personas que gusta de mi barriga es mi nieta Mariangel, que cada vez que tiene la oportunidad, me abraza la panza y me dice que se me ve muy linda y lo dice totalmente convencida, sin el ánimo de criticar.

Esto me hizo recordar una historia que vi hace muchos años respecto a una tribu africana llamada Bodi, que tiene la tradición de escoger al mejor soltero a partir del tamaño de su barriga, para lo cual, someten a los participantes a una dieta de miel, sangre de vaca y leche, y luego de unos seis meses, lo eligen por concurso, con lo que además se demuestra una superioridad económica, porque es la familia la que debe costear esta dieta. Así las cosas, el más gordo, es el más rico y se hace acreedor a llevarse como premio a la joven más bonita de la aldea, lo que me podría inducir a pensar que yo no estoy gordito, sino geográficamente mal ubicado, a lo mejor entre los Bodi me verían como un galanazo, pero por fortuna para mi estoy felizmente casado y no requiero atenciones ni miradas adicionales de ninguna otra fémina, mi Doricilla me ama tal y como soy.

Pero ciertamente me voy a dar a la tarea, por aquello de la salud, ya que, por tema de artritis, no puedo darme el lujo de sobrecargar mi cuerpo con peso adicional.  Desde hace mucho rato, Doris y yo hemos pedido a Dios que, si nos tiene para una vida larga, nos permita vivirla siendo autosuficientes hasta donde nuestras fuerzas lo permitan.

Todo esto para decirles que no podemos descuidar nuestra salud, de cuando en vez está bien un antojo, por qué no, pero también es necesario cuidar lo que comemos, ejercitarnos, dormir bien, procurar estar activos, es por salud. Y a ustedes ¿Cómo les ha ido con el tema del peso? Los leo en los comentarios. Hasta la próxima.


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