Favores curiosos

 

Imagen tomada de https://acortar.link/4vp3Wb

Esta madrugada, me desperté recordando una de mis letras, la intitulada Cargando culpas ajenas, que les dejo por aquí para que la refresquen.

Como ya les he contado en otros momentos, el fin de la letra no es otro que el referir cosas del común y necesariamente recuerdos anteriores conducen a que se despierten otros, como es el de la historia de hoy.

Estando en bachillerato, tal vez en décimo grado, hice muy buenas migas con una compañera a la cual estimaba mucho y solíamos compartir bastante, en especial cosas de estudio, ya que no había interés romántico de por medio. La mamá de mi amiga me tenía en alta estimación, así que se sentía muy tranquila cuando su hija y yo estábamos juntos.

En cierta ocasión, mi amiga me llegó con un requerimiento algo inusual:

  • Leito, ¿será que usted me puede hacer un favor ?
  • Si puedo, claro.
  • Es que cómo le parece que mi novio me invitó a salir a una discoteca el viernes, pero a mi mami no le gusta ese muchacho ¿será que usted me ayuda? es para ir un rato no más.

¿Adivinan qué pasó? pues ni corto ni perezoso, le dije que sí. Acordamos hora de encuentro, tal vez a las 8:00 pm, llegué a su casa, ella ya le había dicho a la mamá que se iba conmigo por lo que la señora estaba muy contenta y de paso tranquila, eso sí, recomendándome que máximo a la media noche, debía estar de regreso en casa, a lo que naturalmente accedí.

Salimos del hogar, llegamos al lugar de destino en donde el flamante novio estaba esperando muy ansioso.

  • Amor, él es mi amigo Leo.
  • Huy, hermano, mucho gusto y muchas gracias por ayudarnos.
  • Tengo que estar antes de las 12 en la casa y Leito me va a llevar.
  • Listo, claro que sí, muchas gracias de nuevo.

Y sin decir nada adicional, entraron al bailadero. Debo reconocer que fueron un poco más de tres horas de tedio y aburrimiento. No me convidaron a entrar con ellos, imagino que no necesitaban un mal tercio y el pisco ni siquiera fue capaz de decir tenga esto para que se tome un tinto, nada, cero pollitos. Me quedé a la entrada viendo pasar la gente, los carros y aguantando frío. Camine bastante recorriendo la cuadra calle arriba y calle abajo, matando el tiempo y esperando que los minutos corrieran más rápido, pero ciertamente eso no pasó.

Hacia las 11:30 pm, salieron dándose miradas, haciéndose arrumacos y otra vez el fulano me dio las gracias por el favor.

Emprendimos el regreso a casa de mi amiga, nos fuimos a pie y en cuestión de 15 o 20 minutos llegamos a destino, donde la mamá estaba esperando la llegada de su retoño. Hizo las preguntas de rigor, a lo que respondimos que todo muy bien, que habíamos pasado un rato muy agradable, bailando y riéndonos mucho, y me agradeció por la responsabilidad y la puntualidad. Cumplida mi misión, emprendí mi regreso a casa, por cuanto también había pedido permiso para llegar pasada la medianoche.

Aquí debo precisar que, para esa época, tanto mi amiga como yo éramos menores de edad, pero no lo parecíamos, ya que nos veíamos como adultos jóvenes y me imagino que las restricciones de acceso de la época en las discotecas eran algo más laxas a la hora de pedir identificación para entrar.

El lunes siguiente, mi amiga estaba feliz, super agradecida nuevamente por semejante ayuda. Algunas semanas más tarde, estando muy triste pero sumamente decidida, volvió a requerir de mis servicios, esta vez para que le ayudara a escribir una carta para terminarle al novio, cosa que también hice, logrando escribir una carta de dos hojas por lado y lado, que por más que he tratado, no logro recordar una sola línea, pero si recuerdo que dejé a mi amiga muy sorprendida por su contenido porque ahí estaba diciendo claramente lo que ella quería expresar. A lo mejor y sin saberlo, esa fue la primera letra itinerante.

Ya en otros momentos a lo largo de los años, me he cuestionado por qué hice lo que hice e imagino que la respuesta más obvia tendría que ver con que yo, sin saberlo, si me sentía atraído en un tono romántico a mi amiga, pero por esas cosas de la vida, la situación no se llegó a concretar.

Han pasado 38 años desde esa salida. Después de que nos graduamos, nos perdimos el rastro tal vez hasta 1998 y desde entonces no nos hemos vuelto a ver, aunque sí muy de cuando en cuando nos hablamos por teléfono o por mensajes. Cada uno siguió su camino y el mío, gracias a Dios, ha resultado bastante bendecido con mi hogar y mi amada esposa.

Nunca le pregunté a mi amiga por qué acudió a mi en ese momento, aunque imagino que por confianza, pero falta ver que si quiera se acuerde de esa anécdota

Me convertí en Celestino y en paño de lágrimas sin proponérmelo, así se dan las cosas y se brindan los favores, por muy curiosos que sean. Y ustedes ¿Qué favor extraño les han pedido? Los leo en los comentarios. Un abrazo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amor, amor, amor