Semana Santa con todo
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Saludos, espero que se encuentren muy bien.
Por estos días, ando revisando el repertorio
para las actividades de Semana Santa en mi parroquia, situación que demanda un
poco de tiempo, ya que es necesario revisar muchas cosas para que lo que se
vaya a cantar esté acorde con la Liturgia.
Andando
en esas, me acordé de algo que me pasó en 1990, durante mi breve estancia en el
Seminario Mayor de San José en Bogotá, justamente en tiempo de Cuaresma. Yo
hacía parte del grupo de propedéutico, es decir, del grupo que está haciendo
una preparación previa para iniciar los estudios formativos para aspirar al
sacerdocio en este caso. Mis compañeros y yo, solíamos permanecer mucho en la
sala común, como parte de esa experiencia de formación, sin que esto quiera
decir que no pasáramos tiempo al aire libre aprovechando los espacios
recreativos o compartiendo algunos momentos con los demás seminaristas.
Pero
volviendo al tema, nuestro director de curso y espiritual, el padre Campos, en
una de sus prédicas, tocó un tema que se me quedó fijo en la mente y que giró
en torno a algún anuncio de la época en la prensa capitalina donde cierta
agencia de viajes proclamaba en un gran titular “Semana Santa con todo: pasajes
de avión, alojamiento, alimentación, barra libre…”. Y estoy hablando de algo
que pasó hace 36 años.
La
reflexión del padre giró precisamente en la pérdida de valores espirituales en
algunas personas, que preferían dejar de lado su fe por irse de paseo,
cerrándose a la posibilidad de tener un tiempo de profundidad espiritual como
lo es la Semana Mayor para los católicos… cosa que hoy en día sigue pasando.
Y
muy seguramente muchos pueden estar pensando que eso es algo “normal”, que “los
tiempos cambian”, que en Colombia existe la libertad de cultos. El tiempo en
sí, no cambia, es una medida que nos permite tener conciencia de los instantes transcurridos,
los que hemos cambiado con el correr de los tiempos, somos las personas, eso es
otro asunto.
Ya
les he comentado en otros momentos que profeso la fe católica, apostólica y
romana y que desde hace muchos años he procurado vivir bajo las premisas del
Evangelio en comunión con la Iglesia, cosa que no siempre resulta fácil porque
también dentro de esta comunidad se dan muchas diferencias, porque no siempre
las personas entendemos o no valoramos en su justa medida las enseñanzas que se
nos han dado a lo largo de los años.
Ser
parte de un grupo, llámese como se llame, requiere dedicación y compromiso. Si
se es deportista, se debe entrenar y cuidar el cuerpo, si se es profesional en
cualquier área, se debe estar actualizando y preparando con regularidad en
todos los aspectos que sus estudios requieren, porque muchas cosas van
cambiando en diferentes momentos. Ser cristiano o practicante de alguna doctrina,
requiere una vida de oración, amor, caridad,
fe y, en mi caso puntual de católico, experimentar la vida sacramental,
teniendo presente mi convicción de que en esa práctica sacramental, se aviva la
acción de Dios en los corazones.
Cuando
recuerdo esa expresión “Semana Santa con todo”, no puedo dejar de pensar en la
pérdida de valores espirituales que se ha venido presentando a lo largo de los
años, pero también en el enfriamiento espiritual que los nuevos discursos de
diferente índole han sembrado en el corazón de las personas.
A
lo largo de mi vida he conocido a personas que han abandonado el catolicismo
por cosas que la verdad se caen por su propio peso. Gente que dice que mientras
fue católico, se emborrachaba, o tenía algún vicio, o llevaba una mala vida, y
lo peor es que (no todos, valga la claridad), llegan a sus nuevos destinos y
comienzan a hablar mal de aquello que ni siquiera vivieron ni conocieron a
profundidad, porque la fe también requiere entrenamiento y formación.
Seguramente no preguntaron o, tristemente y también hay que decirlo, no
contaron con personas adecuadas para que los ayudaran en esa formación.
No
voy a decir que el catolicismo está lleno de gente buena, eso sería lo ideal,
todavía distamos mucho de eso, pero sí sé que hay mucha, muchísima gente que
procura hacer su labor y su vida lo mejor que puede, que se prepara, que
estudia, pregunta, se forma, vive su fe en lo personal y en lo comunitario,
ayuda al necesitado, busca y gusta de la oración, de vivir el mensaje de la
Palabra, etc.
Y
ese modo de vida, no siempre cae bien, choca con muchos, porque la gente no
valora en su justa medida o no le da importancia a esa vivencia. Lo digo con
conocimiento de causa, no se alcanzan a imaginar la cantidad de veces en que me
he visto en la necesidad de aclarar a las personas la razón de por qué dejé de
usar ciertos temas en las Eucaristías, que obedecen a criterios plenamente
establecidos para hacer el culto debido desde el sentido litúrgico, y no
resulta fácil romper esos moldes mentales, pero ahí poquito a poco se va
aprendiendo y sembrando.
Tuve
una conocida hace unos años, no practicante, que decía que lo que más le
gustaba de los católicos, era la Semana Santa, porque podía tener unos días
libres para hacer otras cosas. La Semana Santa es una gran parte de una vida
santa, es un tiempo de gracia especial que los católicos celebramos para
meditar a fondo en el Misterio de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Jesús como prenda de amor por todos nosotros, que nos permite
ver y valorar la unidad que, como Iglesia, se vive en diferentes latitudes.
Ojalá
pudiéramos volver a vivir Semana Santa con todo: con todo el amor, con todo el
fervor, con toda la meditación, con toda la participación comunitaria, con toda
la caridad, con todo el arrepentimiento, con toda la generosidad para con quien
sufre, con todo el regocijo de una experiencia de fe viva.
Sobra
decir que mi ánimo no es incomodar a nadie. He hablado dese mi visión personal,
porque se que entre mis lectores hay quienes no comparten estas ideas, pero eso
no nos ha impedido tener unas muy buenas relaciones interpersonales, porque
parte de la construcción de lazos, también se basa en valorar y respetar
aquello que nos hace diferentes, buscando eso que a mi me gusta llamar puntos
medios en común.
Les deseo una buena Semana Santa. Un abrazo.
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