Si así está el desayuno…
| Tomado de https://acortar.link/keg7jL |
En estos tiempos, en donde levantar la voz ya a favor, ya en contra de x o y situación, no es de extrañar que otras tantas voces se hagan escuchar, sea en apoyo o en rechazo. Así que hoy me tocó el turno a mi de meterme en una de esas discusiones.
En
estos días, se dieron a conocer las palabras de cierto candidato que quiere ser el
próximo inquilino de la Casa de Nariño que, dicho sea de paso, seremos los
colombianos los que seguiremos pagando el arriendo de tal inmueble. El
personaje en cuestión refirió: “En palabras sintéticas, Antioquia se
convirtió en cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de
Estado”
De
entrada, debo decir que esto me parece un total exabrupto que deja de lado todo
un legado desvinculado de dichas situaciones tan nefastas, máxime porque si hay
algo que nunca me ha gustado, son las generalidades. Recuerdo en mi niñez y
juventud que no eran pocos los epítetos de menosprecio entre regiones. Había
quienes decían que “los rolos no se bañan” o que “los costeños son perezosos” o
“los paisas son mariguaneros” o “los negros son ladrones”, o los famosos “los
hombres son todos iguales” o aquella otra que apunta que “a las mujeres no las
entiende nadie”. Todo esto es falso de toda falsedad. No existen dos personas
iguales, ni siquiera los mellizos. Somos diferentes por naturaleza y meternos a
todos en el mismo costal de lo malo, es simplemente un absurdo.
Ya
lo he mencionado en otras oportunidades, en todo grupo social hay de todo:
buenos y malos, honrados y ladrones, honestos y corruptos, gente de bien y
criminales. No es posible tazar a las personas con el mismo racero, y muchísimo
menos cuando esas palabras denigrantes y malintencionadas no ven más allá de lo
malo y fueron expresadas por un personaje que, se supone, está llamado a buscar
la unidad nacional, pero con esa actitud, ciertamente deja mucho qué pensar.
Llevo
casi 30 años viviendo en Medellín, he visto muchas cosas, la pujanza de su
gente, su calidez, su esfuerzo, en medio del daño que las herencias malditas de
la ambición que unos cuantos han causado a toda la sociedad. Hay dolores y
problemas, como los hay en cada punto geográfico de este pobre y adolorido país
nuestro, pero eso no quiere decir que todos los que habitamos estas tierras
seamos ofensores de las leyes, eso, reitero es un exabrupto.
Me
preocupa sobremanera que estos ataques y humillaciones sean una forma de
retaliación por la no aceptación de planteamientos políticos, porque ahí se
está partiendo el sentido de la democracia y la libertad de conciencia que los
electores pueden tener frente a sus preferencias. Temo profundamente que así
como pasó en Medellín, que no solo la anterior administración se “llevó hasta
la olla”, el siguiente inquilino de la casa más importante del país reciba una
nación en ruinas, con unas problemáticas tan graves en todos los órdenes, con
deudas por doquier, todo porque no se han tomado muchas de las decisiones
debidas y correctas durante todo este periodo de gobierno, porque no se
escucharon las voces de los expertos y los conocedores, ni las opiniones de
personas interesadas y sabedoras de los diferentes temas que permean las
relaciones internacionales.
También
me duele sobre manera las “alhajas” que han llegado a Senado y Cámara, muestra
más que fehaciente que en Colombia se vienen haciendo muy mal las cosas en
materia de elecciones y determinaciones frente a personajes que tienen procesos
y cuestionamientos, pero que no tienen un ápice de vergüenza para seguir en las
lides políticas. Si tuvieran decencia y respeto por la institucionalidad y los
electores, deberían renunciar a sus cargos y darle la oportunidad a otras
gentes, eso sí, sin cuestionamientos, para tratar de hacer mejor la tarea.
No se puede seguir metiendo a una región en un mismo costal, me desvinculo categóricamente de las afirmaciones de ese candidato, porque Antioquia y Medellín me duelen, ya que aquí tengo mi hogar y a parte de mi familia y porque a lo largo de estos años, lo más que he conocido es gente berraca, pujante, honrada y trabajadora, que muchas veces tiene que pasar las verdes y las maduras para salir adelante.
Además, tengo la firme convicción de que cada uno recibe lo que merece en su momento, así que, si denigrar de toda una región desconociendo lo bueno que la misma ha hecho es el desayuno que está ofreciendo el candidato, espero de corazón que no lleguemos al almuerzo. El país necesita dirigentes que sumen en la construcción de patria, no que sigan polarizando más y poniéndonos unos contra otros. Ya es tiempo de que cese la horrible noche y que se haga una historia basada plena y verdaderamente en el sentido democrático y en el velar por el bienestar de todos nosotros los connacionales, con políticas y acciones claras, pensadas en el desarrollo social, consensuadas con quienes pueden aportar, más allá de ideologías y posturas poco claras.
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