De cómo, con los años, se vuelve más fácil dormir televisión
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Saludos a todos, espero que se encuentren muy bien y que hayan tenido un receso agradable durante la Semana Mayor. En casa lo pasamos bastante devotos y participativos en los actos litúrgicos de nuestra parroquia.
El streaming, lo queramos o no, se ha vuelto una forma muy generalizada de ver y escuchar contenidos de distinta índole: música, películas, series, documentales, deportes, etc., lo que ha venido restándole fuerza a la televisión tradicional, en especial por la posibilidad de que el primero permite ver y escuchar contenidos acordes a las disponibilidades de los usuarios, ya que es el quien determina, qué ve, cuándo lo ve y por cuanto tiempo.
Pero como no hay felicidad completa, nos encontramos también frente a una gran oferta de plataformas, lo que puede tener ciertas complicaciones, porque como muchos de esos servicios son de paga, pues no hay plata para tanta oferta, o al menos eso nos pasa al común de los consumidores.
Así las cosas, pueden existir productos que deseemos consumir, pero que no están en la plataforma que cada uno use, por lo que nos podemos quedar con los antojos de ver o escuchar aquello que nos llama la atención.
Y es precisamente la posibilidad de poder disfrutar de los contenidos al ritmo de los intereses y las disponibilidades de cada uno lo que me gusta tanto, y como a las pruebas me remito, ahí les cuento la historia.
Ya desde hace algún tiempo nos ha venido pasando a Doris y a mí que, estando cómodamente instalados en nuestro cuarto viendo algún programa en la pantalla, sin saber en qué momento, nos quedamos durmiendo televisión. Y nos ha pasado casi que en forma simultánea o con una muy breve diferencia de tiempo. Y es ahí donde me gusta tanto la opción de retroceder o adelantar el programa o de plano, detenerlo para verlo después.
Yo en lo particular, a veces saco hasta tres momentos distintos para ver una película, puede que no sea lo mejor para verla, pero al menos tengo esa opción. Y también me ha gustado mucho que he tenido ocasión de ver películas o series de antaño a mi acomodo.
Otro asunto para tener en consideración es la posibilidad del doblaje de idioma, me parece un ejercicio interesante porque ya se cuenta con la oportunidad de escuchar o leer en otras lenguas, aunque en lo personal me inclino más por el inglés para la escucha.
Ciertamente la manera en que se ha consumido televisión ha cambiado muchísimo en los últimos 50 años. Cuando era niño, la televisión nacional tenía dos canales, luego empezaron a surgir los canales privados, los regionales y comenzó a llegar contenido del extranjero con mayor número de canales cada vez más especializados, ofreciendo 24 horas de programación y habiendo de todo como en botica, al punto que muchas veces se queda uno sin saber qué ver. Y si a eso le agregamos la oferta de Internet, ahí sí que el asunto se crece de una forma impresionante.
Como sea, está la opción de acceder a esos servicios y aquí no me voy a poner a decir si eso es malo o bueno, ni mucho menos a decir cuánto tiempo es recomendable, creo que eso obedece también a los criterios personales, pero mientras el servicio me dé la posibilidad de dormirlo a gusto, voy a estar bien con eso. Y ustedes ¿También duermen televisión? Los leo en los comentarios. Un abrazo y hasta la próxima.
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