La metamorfosis de casa

El nuevo techo

El techo de Sofi cuando
 lo organizamos en julio del 2024









El pasado 16 de abril, nos embarcamos en la casa con un proyecto que ya tenía muchos años de estar aplazado y fue el cambiar las tejas del tercer piso de nuestro hogar, y sustituir las que teníamos de Eternit por tejas termoacústicas y traslúcidas para conservar la luz y el calor a condiciones más prácticas.

Ya habíamos acordado con Nandito, nuestro MacGyver familiar, del que ya les había contado en otra letra (Cuando la generosidad se muestra) que el sería el encargado de ayudarnos con el arreglo, para lo cual además habíamos incluido el cambio de varios interruptores y tomacorrientes, y otras pequeñas reparaciones menores.

Así que ese jueves compramos los primeros materiales: tejas previamente cortadas en el punto de venta, pero aun así bastante largas, de casi tres metros; interruptores, tomas, varilla tipo riel, rodachines para el techo corredizo, todo lo cual se subió al tercer piso.

Al siguiente día, viernes, muy a las 7 de la mañana comenzamos las labores ya que yo fungí como ayudante de obra y Doris estuvo muy al tanto ofreciéndonos hidratación y estando pendiente a lo que se fuera requiriendo. 

         

Lo primero fue desentechar todo, bajar las tejas de barro y las de Eternit, así como las plásticas transparentes que se habían instalado hace tiempo y que, de lo tostadas que estaban, se quebraron con mucha facilidad. 


De ahí vino la primera remoción de escombros, por cuanto las tejas anteriores se habían fijado con ayuda de cemento, resultando, cosa increíble, 14 bultos de residuos, que incluso Sofí se extraño y preguntó “¿Todo eso estaba allá arriba?¿y dónde?”

Y comenzaron los ires y venires al depósito de materiales a traer esto o aquello, ya que se requirieron otras estructuras metálicas para poder asentar mejor las tejas, además de otros elementos propios para la construcción. 

Ese mismo viernes, nos alcanzamos a llevar un susto, ya que durante toda la mañana, mientras quitábamos las cosas, el clima nos había sido bastante soleado, contrastando un poco con la temporada de lluvias que habíamos estado teniendo días anteriores, pero justo cuando ya habíamos quitado todo, tuvimos una amenaza de lluvia, que nos llevó a tener que poner de manera provisional dos de las tejas que ya teníamos cortadas, con tan buena fortuna de que la lluvia no duró mucho rato, y pudimos entonces proceder a hacer una colocación inicial sin amarres, mismos que debían ser atornillados, a diferencia del sistema anterior que empleaba alambre para asegurar las tejas a las vigas.

   
                                             

El techo corredizo lo veníamos queriendo hacer desde la vez que vimos el que mi madre tiene en su casa, además de parecernos práctico para poder subir a hacer limpieza de canaletas de aguas lluvias, porque hay que ver la cantidad de mugre que un techo puede recoger


También instalamos esta estantería, con la cual tuve ocasión de conocer un sistema diferente de apoyo, otro modelo de pie amigo hecho en aluminio que nos pareció bastante práctico.

Y lo que se refirió a la parte eléctrica, el primer día en que estuvimos en esa labor, tuvimos un pequeño tropiezo con el conmutador de las escaleras, ese interruptor que nos permite accionar el foco desde abajo o desde arriba, ya que nos encontramos con la novedad de que los cables que habían empleado en el alambrado de la instalación eran todos azules, cuando deben utilizarse de diferente color pasa saber cuál cumple determinada función. El primer día no se logró que funcionaran esos interruptores, lo que llevó a Nandito a revisar guías y tutoriales, tuvo que pensar mucho, pero por fortuna, al segundo día llegó con las ideas más claras y se logró el objetivo, teniendo además la prevención de marcar los cables para futuras novedades.

En ultimadas cuentas, entre los trabajos de soldadura, la elaboración del carro del techo corredizo, el cambio de tejas, la recogida de escombros, el cambio de tomas e interruptores y los consabidos resanes con estuco, invertimos siete días de labores. Debo decir que en lo personal me gustó mucho la experiencia, aprendí muchas cosas de Nandito, es una persona que sabe trabajar muy bien y no es egoísta con el conocimiento. Prácticamente todos esos días fueron jornadas de casi 12 horas, y aunque hubo mucho cansancio de mi parte, también sentí una gran satisfacción, por cuanto ya llevaba muchos años sin laborar y me pareció muy bonito ver cómo las obras de mis manos iban mostrando buenos resultados.

Aunque no todo fue felicidad, ya que sufrí un par de pérdidas en el proceso. A falta de uno, se me dañaron dos pares de tenis, de los que usaba habitualmente para salir a caminar dado que no tengo calzado para trabajo pesado en casa. Los primeros, sacaron la mano al segundo día de labores, el segundo par, para el quinto día. Gajes del oficio que llaman. Nandito también sufrió una leve lesión por un taladro, pero no fue nada que algo de microporo no pudiera arreglar.

Aún estamos a la espera de poder hacer disposición de los residuos que quedaron, pero seguimos a la espera de que alguien se lleve las tejas de barro, sin embargo, solo se han dispuesto unas pocas y la idea es que, si no las reciben, hay que quebrarlas para empacarlas en costales y ahí sí, poder hacer el debido proceso con los escombros.

Y ya prácticamente se terminó el aseo general luego de los arreglos. Y eso es uno de los puntos mas complejos de las reformas en casa. Aquí ya hemos tenido al menos tres y por regla general nos hemos quedado en nuestra residencia, conviviendo con el polvo y el desorden que estas labores generan. Pero estamos contentos con el resultado, porque me parece muy importante cuidar nuestras posesiones. Ya estamos empezando a proyectar otro cambio que se relaciona con algunas ventanas, pero para eso, debemos empezar a llenar el marranito del ahorro, porque estos trabajos no resultan baratos y siempre se deben tener en cuenta los imprevistos, porque siempre, siempre, resultan cosas adicionales por hacer.

Y así fue cómo se hizo esta metamorfosis de casa, con esfuerzo, pero con mucho amor para hacer más gustoso nuestro pequeño palacio. Hasta la próxima.


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