Recuerdos sabrosos
| Tomado de https://acortar.link/coRPJL |
Saludos a todos, espero que se encuentren bien. Me disculpo por la demora en escribir, las musas han estado algo esquivas estos días, lo que me ha suscitado el temido síndrome de la hoja en blanco que solemos sufrir quienes escribimos.
El pasado 21 de marzo, los medios de comunicación dieron a conocer la noticia de la partida de un empresario que, dicho sea de paso, solo vine a saber de el justamente por este acontecimiento, y si bien es cierto no lo conocía, sin lugar a duda si conocí su nicho de mercado, una famosa cadena de restaurantes, cuyo producto estrella ha sido una de las marcas que más han perdurado en muchos paladares
El nombre del producto en mención, un pollo muy reconocido, empieza por Ko y termina en ko, así que me di a la tarea de recordar algunas cosas de esta marca que, de una u otra forma, tocaron mi existencia.
Lo primero que debo mencionar es que tuve que recurrir a recuerdos provenientes de mis hermanas, por aquello de corroborar versiones y no tener fallos en la información, llegando a la conclusión de que la sabrosa vianda no es que hiciera parte de nuestra gastronomía familiar, mayormente por su costo.
Sin embargo, si recuerdo que sus eslóganes se volvieron muy populares. En mi época de bachiller, por allá en mi recordado CODIF, muchas veces, para referirse a una bella muchacha, no faltaba el ocurrente que empleaba uno de los eslóganes de la marca y decía que la fémina estaba como un Ko…ko: “no tiene presa mala”. Y del otro eslogan “La comida de todos los paseos”… mejor ni hablemos.
Según
mis hermanas y, de paso, muchas gracias por sus aportes para esta letra, fue durante
mi estancia en la Escuela Militar en Tolemaida, que este sabroso producto llegó
a irrumpir en nuestras vidas, ya que algunas de las visitas de mi familia a mi
centro formativo, se vieron acompañadas por tan suculento plato, del cual
siempre supe dar habida cuenta, ya que el pollo es una de mis grandes
debilidades culinarias, me gusta muchísimo.
Con
el correr de los años, empecé a dejar algo segregada la marca y su consumo, reservándola
para algún gusto esporádico, debido mayormente a la creciente demanda del
sector y a la posibilidad de obtener productos algo más favorables y bastante
sabrosos también, y si he de ser honesto, ya llevo un tiempito sin comprarlo.
Esto me hizo recordar algunas otras cosas que se han quedado en el recuerdo de ese camino de comidas y sabores que, por cosas de la vida, por estos lares antioqueños no me he vuelto a encontrar, entre ellas, las garullas, las chicharronas y repollitas, productos de panadería de los que por aquí no existen noticias. Y por el lado de los cárnicos, no he encontrado longaniza, al menos no la versión con la cual me crie yo, o la popular fritanga al estilo bogotano, ni el queso de cabeza, el cual comí por última vez en nuestro viaje a Boyacá del que les conté en una letra anterior.
Los cambios no son fáciles. Creo que todos hemos escuchado historias de personas que salen de la ciudad o el país y refieren que mucho de lo que extrañan está precisamente ligado a la comida, porque no encuentran los productos y ni que decir de los ingredientes para preparar algún plato en particular. También he escuchado historias muy emotivas de personas que, en los lugares menos pensados, se han encontrado con productos de su infancia y al consumirlos rememoran con mucha alegría y emoción esa conexión con su pasado.
A lo que voy con esto es que, no siempre resulta fácil hacer esos cambios. Hace muchos años, tuve una conocida muy aficionada a la comida paisa, de esas que no le podían faltar los frijoles o la mazamorra o el claro y cuando salía de paseo, siempre buscaba un restaurante de comida típica antioqueña. Si me lo preguntan, me parece algo también excesivo, porque si uno no encuentra lo que le gusta ¿entonces por eso no come? Hay que hacer el deber.
Y tengo un amigo que me dice que, lo bonito de viajar es poderse dar la oportunidad de conocer otros lugares, culturas y sazones, de ahí la importancia de aprender a comer de todo, empresa que no siempre resulta fácil. En mi mano tengo una copa imaginaria, y con ella, brindo por aquellos sabores y alimentos que ya hace mucho no degusto y de los cuales guardo un gran recuerdo, y les deseo lo mejor de lo mejor para el deleite de aquellos que aún los están disfrutando. Hasta la próxima.
P. D. Les cuento que me inscribí al Concurso Literario Medellín en Cien Palabras, ya mandé las historias con las que voy a participar y que, por aquello de las condiciones del concurso, no puedo divulgar aún. Ya tenía mucho tiempo de no participar en un evento de esta clase, y estoy muy contento con la posibilidad, así que deseenme suerte, a ver si de pronto gano. Nos leemos luego.
Excelente felicitaciones Martín mucha suerte se que te va ir bien
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