Tonos medio discordantes
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| Imagen generada con IA mediante Gemini de Google |
Esta mañana, haciendo algunas compras con Doris, sin querer y por casualidad, escuchamos a un sacerdote ya muy entrado en años, que estaba comentando a una joven, palabras más, palabras menos, que los curas modernos se han tirado en la misa con tanta brincadera y tanta bulla que hacen. Y eso me tocó a mas no poder.
Desde hace ya algunos años, recibimos junto a doris y otros compañeros de la parroquia, una formación en canto litúrgico impartida por la Arquidiócesis de Medellín, misma que me abrió los ojos a una inmensa cantidad de horrores que había venido cometiendo en materia de canto desde los años de upa, situación que me llevo a reevaluar mi participación en la vida espiritual tanto propia como en mi comunidad.
Eso me ha traído no pocos altibajos, dado que cuando las costumbres se encuentran tan interiorizadas en las personas, son muy difíciles de romper y resulta una tarea titánica lograr cambios al hacerle entender a alguien por qué tal o cual canción no se volvió a cantar.
Para la Iglesia católica, existen una serie de indicaciones que son propias en su celebración litúrgica, en donde el canto posee un lugar preponderante, porque no solo engalana las celebraciones, sino que se compenetran con las mismas en su espiritualidad.
Y es que si hay riqueza en alguna parte, es en el canto sagrado, mismo que ha pasado por diferentes momentos en su desarrollo, como lo ha sido:
La salmodia primitiva (S. I-IV), canto netamente vocal proveniente de la tradición judía;
El canto Ambrosiano y los himnos (S. IV), que además de emplear textos bíblicos, incluyó poemas líricos para responder a las necesidades teológicas de la época.
El canto gregoriano (S. VI-IX) el cual con el impulso del papa San Gregoria Magno, logró la unificación de la música sacra en Europa, con su característica línea melódica, siendo todavía canto a capella.
La polifonía sacra (S. XIV-XVI)que incorporó voces diferentes y simultáneas de forma armónica.
El estilo barroco y clásico (S. XVII-XIX), que inició la incorporación de instrumentos musicales, en especial el órgano de tubos y que contó con grandes maestros de la música como Mozart, Haydn o Vivalvi y
el canto litúrgico post. Vaticano II y contemporáneo (S. XX al presente), que permitió el empleo de las lenguas vernáculas y la incorporación de ritmos propios de cada nación, así como otros instrumentos musicales (Nota. La información aquí descrita es un parafraseo de una consulta hecha mediante IA de Google)
En todos los casos, la música sacra debe acogerse a la tradición, las enseñanzas del Magisterio y la esencia de la espiritualidad musical, ya que porque una canción mencione a Dios o a Jesús, no la hace automáticamente propia para el culto sagrado.
Tristemente, se siguen presentando muchas fallas en materia de canto dentro de las celebraciones católicas, ya por falta de formación, ya por permisividad de los propios presbíteros o ya por caprichos personales de quienes adelantan la misión de acompañar el canto.
Y lo hablo con conocimiento de causa. Mi primera purga de cantos, una vez recibí la formación litúrgica, fue de por lo menos 50 canciones de diferentes vertentes no católicas, y a partir de ese momento, me he vuelto sumamente cositero a la hora de implementar cantos, al punto de haberme opuesto a x ó y canción, siempre con la debida justificación litúrgica, cosa que no suele caer bien en mis interlocutores. Y eso es algo que se repite a lo largo y ancho del mundo, ya que he tenido ocasión de saber desde otras latitudes que se presentan las mismas irregularidades e inconvenientes.
Así que ya desde hace mucho rato, he procurado hacer la tarea completa: consultar fuentes confiables en materia de canto litúrgico, así como a expertos en el área, hacer parte de algunas comunidades de canto con las cuales compartimos el amor por la liturgia, pero fundamentalmente, acercarme a los textos bíblicos a fin de entender tanto el texto como el contexto y lo que mejor exprese, musicalmente hablando, su mensaje, lo que también me ha permitido aprender y estudiar muchos temas nuevos para mi repertorio en consonancia con lo que la Santa Madre Iglesia busca dentro de este ministerio del canto.
Y aquí entre nos, hay algo que me alegra muchísimo y ha sido la posibilidad de haber recuperado muchos cantos de antaño y ver cómo las personas, sobretodo muchas mayores, se nos han acercado manifestando su alegría, porque eran canciones que escuchaban de niños, o también la alegría tan grande que me causa escuchar a la comunidad cantar a viva voz. Son pequeñas victorias alcanzadas para la mayor honra y gloria de Dios. Esperemos a ver hasta cuándo podemos seguir con esta modesta labor de servir con nuestras voces. Un abrazo

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