Otros recuerdos en ruedas


Saludos, hoy les tengo un 2x1, el primero, esta historia que no había publicado en el blog que data del 2021 y que complementa la historia de hoy, así que los invito a leer ambas.  Crónica de un trámite casi interminable  

    Hace unas semanas, un amigo del colegio de mi nieta Nicoll, estaba muy emocionado porque ya había podido obtener su pase de conducción, luego del curso que se está adelantando para tal fin y pagando el elevado importe de este.

    Tan es así que, según el mismo contó, estuvo buscando la ocasión de estrenarlo en presencia de los agentes de tránsito, por lo que, se dio a la tarea de parar cerca de alguno de ellos bien fuera en algún control vial, o si los veía por ahí en alguna esquina, llegando al punto de reducir la marcha en su moto y saludarlos. Su sueño se hizo realidad y al fin pudo mostrar su flamante pase en un control de tráfico, pero al llevar en regla su documentación, no tuvo inconveniente alguno.

    Eso me hizo recordar algunas cosas respecto a experiencias motorizadas. Tuve un vecino que, sin el menor desparpajo, solía andar en su moto sin seguro de accidentes y sin revisión  técnico mecánica. Alguna vez me dijo "No Martín, yo lo que soy es un de buenas, no se imagina las veces que he pasado por el lado de los tráficos y ni me miran". Eso fue por allá en el 2006 tal vez. Hoy en día, con el sistema de cámaras, supongo que esos controles son mas severos, ya que por cuenta de esos elementos, me llegaron mis dos últimos comparendos, por circular fuera de horario de pico y placa por allá en el 2019. Dicho sea de paso, eso me pasó por despistado.

    Mi primer pase vehicular, lo adquirí por allá en 1997, en una agencia que ofrecía esos servicios, no me hicieron curso vial, solo tuve que pagar e importe del trámite. Eso fue en vísperas de la compra de mi primera moto, una Sunny 80, a la que llamé Angustias, marca que se descontinuó hace ya muchísimos años y que me sacó más de un dolor de cabeza por su mala manufactura, o al menos esa fue mi impresión, ya que no fue poca la plata que le invertí por reparaciones.  Salí de ella casi al año de haberla comprado nueva de concesionario, de hecho, llegué al punto de haber llamada a la nueva dueña al mes de la compra, preguntando cómo le estaba yendo y me dijo que estaba funcionando muy bien. Después de eso me desentendí del asunto.

    Por cuenta de esa moto, mi novatada y mi nula experiencia en el ramo vial, me gané tres comparendos, los cuales pagué con mucho dolor y me sirvieron para sentar cabeza y ser más precavido, aunque infortunadamente y pese a esas prevenciones, con el corres de los años no me vi exento de volver a pagar otras multas, muchas de las cuales ya contaron con el beneficio de la reducción de tarifa luego de hacer una capacitación. Y estoy convencido que por lo menos dos de esos comparendos no debieron haberse realizado, obedeció más a la acción de los agentes que seguramente estuvieron esperando de mi parte alguna reacción más "social" si se quiere, pero bajo ningún punto de vista soy de los que pasan cosas por debajo de la mesa, esa vaina definitivamente nunca ha ido conmigo, así que los pagué, dolido, pero con entereza de carácter.

    Después de esa primera moto, pasaron por mi vida una Auteco 150 llamada Rebeca, que tenía similitudes de diseño con la italiana Piaggio, que no me duró ni un año, también para fortuna mía. La siguiente fue precisamente una Vespa Piaggio, nombrada la Lupe, siendo yo su tercer dueño y que literalmente pagué con trabajo por un año continuo, interrumpido por una gripa sumamente fuerte. Ha sido la mejor moto que he tenido; confiable, potente, rendidora en cuanto consumo de gasolina y me acompañó por cerca de 12 años, hasta el día en que cedí a los deseos de un gran compañero de trabajo de la época, allá en el 2018, apasionado por esas motos, el cual se encargó de restaurarla a puntos insospechados, siendo hoy en día una preciosidad, como se puede apreciar en las imágenes que encabezan esta historia. En ese momento, tenía la fuerte intención de hacerle latonería y pintura, pero mi amigo me dijo que se la vendiera así que él se encargaba del resto y vaya que lo hizo súper bien.

   A la par de Lupe, tal vez en el décimo año, mi esposa me regaló una Eco 100, que recibió el coqueto nombre de Martina, producto de un negocio que había hecho con mi hijastro, quien quería cambiar de moto, así que de la noche a la mañana me vi con dos motos, dos seguros de accidentes, dos revisiones técnico mecánicas y los gastos propios de combustibles, aceites y mantenimiento. Por fortuna salí de la Vespa y me quedé con Martina hasta el momento de su chatarrización, cosa que pueden leer en Crónica de un trámite casi interminable

   Desde entonces he desistido de volver a tener vehículo propio, nos movilizamos mucho a pie y en el transporte público, de hecho, estamos ad portas de batir con Doris, nuestro récord de caminata del año pasado, pero eso será tema para la próxima semana. Hasta pronto.

Comentarios

  1. Martín y hermosa Doris💞Bendecido feliz de semana🙏Excelentes historias!!! Muchas gracias por compartirlas me entretienen un montón 🤗😀🥹

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Amor, amor, amor