Felices 24 años de amores

 



   La semana pasada les había dicho que mi letra We are The champions sería la última de este año, a menos de que algo extraordinario pasara. Pues pasó.

   Mi esposa ha querido que esta letra la escribamos a cuatro manos porque quiso que recordáramos justamente un 23 de diciembre, pero del año 2001.

   En agosto del 2022, en la antes Nota itinerante, la intitulada A mi amada Doris, feliz cumpleaños , les conté someramente cómo se habían dado las cosas en nuestros inicios. En esa nota les mencioné que Doris empezó a hacer parte del coro parroquial que yo tenía en esa época, si mal no estoy, para septiembre de ese año, y donde solamente interactuábamos para los ensayos y las celebraciones, siendo siempre para mi “doña Doris”, ya que procuré mantener una respetuosa distancia y brindar la cortesía propia de una actividad grupal. Pero nunca me imaginé lo que pasaría más adelante.

  El 23 de diciembre del 2001, me encontraba viendo televisión en mi casa, sin tener ningún plan en particular para esas fechas, salvo mi salida a pasar año nuevo con mi familia, con paseo incluido a Villao, situación que se iba a dar a partir del 29 de diciembre. En esas estaba cuando en horas de la tarde sonó la línea fija de la casa.

 -       A la orden.

-       ¿Hola que más, cómo estás? 

-       ¿Con quién hablo? – a lo que una risa burlona me respondió.

-       Ay ¿ya te olvidaste de mí, tan chévere que lo pasamos? - En ese punto, creí reconocer la voz.

-       ¿Doña Doris? – a lo que respondió con una sonora carcajada.

-       ¿Qué más pues? ¿Qué andas haciendo? – para la época, yo no la tuteaba a ella.

-       Bien señora, aquí en la casa descansando.

-       Es que te tengo una invitación. Por aquí por mi casa van a hacer un sancocho por si te animas a venir – y como si me hubiera leído la mente, me dijo – no hay que aportar nada, eso ya está pago.

-       Ah, muchas gracias, si, me parece bien ¿y a qué hora sería?

-       Por ahí a las 7:00 pm, en el parqueadero de los patacones.

-       Bueno señora, muchas gracias, por allá nos vemos entonces.

-       Listo pues, nos vemos ahora.

 Así que, sin proponérmelo, conseguí programa para esa noche, y llegué al punto acordado a la hora señalada, me encontré con Doris que estaba muy bonita con una de sus pintas habituales y estaba acompañada de otra de las compañeras del coro que estaba con el esposo. Horas mas tarde, me enteré de que la invitación obedeció justamente a la sugerencia de la otra compañera porque “qué pecao ese Martín allá solito todo aburrido”.

   Fue una noche bastante agradable, la verdad sea dicha, comimos, bailamos,  ingerimos algunas bebidas espirituosas, hablamos muchísimo, nos reímos a más no poder y ahí me dijo que yo hasta ese momento, no le simpatizaba mucho, porque me veía muy ogrito, así como mal geniado, pero después de tanta recocha, la percepción cambió y creo que no nos despegamos en toda la noche. De hecho, llegó un punto en que escaseó el licor y aquí debo precisar que ninguno de los dos hasta ese momento, estaba pasado de copas, lo más es que nos encontrábamos achispados o copetones, pero sin estar pasados de la raya.

  Me acordé de que en casa tenía un poco de vino, y le dije que si no le molestaba, me acompañara por la botella y nos regresáramos a la fiesta, a lo que accedió. Ya en casa, serví dos copas, brindamos y me empezó una tembladera tremenda, seguimos hablando un ratito más y, sin saber por qué, le dije "me gustas tanto" y además que tenía muchas ganas de darle un beso, a lo que me dijo “hágale”, pero así como quien no quiere la cosa y la besé en la frente, nada más. 

   Ese gesto la desconcertó a más no poder, y me dijo "ay, tan bello, tan caballeroso" porque evidentemente no se esperaba eso. Salimos de casa, nos incorporamos de nuevo a la fiesta y en la madrugada, nos dimos unos cuantos besos tímidos en medio del amacice del baile, para luego irnos, despuntando el alba, a un parquecito cercano a hacernos arrumacos.

    Fue una de las mejores navidades que he pasado. Ese 24 de diciembre, me invitó a su casa, donde estaba congregada prácticamente toda su familia: madre, hermanos, cuñadas, sobrinos grandes y chicos, comida, música, baile, mejor dicho, un fiestón de raca mandaca, donde fui el blanco de no pocas burlas por parte de mis cuñados, que tenían la firme intención de verme borracho, pero hasta donde recuerdo, no lo consiguieron. Lo más memorable de esa noche, fue la bailada que hice encima de mis cigarrillos, que se me habían salido del bolsillo, situación que generó no pocas risas.

   Y de nuevo otra vez acompasados, enseñándome otros pasos de baile, hablando, riendo, contándonos nuestras cosas, deseándonos Feliz Navidad y dándonos besos con mayor confianza. Y otra vez la aurora nos alcanzó, pero esta vez con una visión y un sentimiento diferentes ya que, para fortuna nuestra, la química surgida en ese momento nos ha permitido alcanzar ya 24 años de amores, y todavía hay gente que no nos cree que mi primer beso fue en la frente, se les hace algo extraño, pero así fue.

   Mi ida a Villao ese año se vio algo empañada por el naciente amor, y Doris me contaría después que le dio muy duro esa ausencia, lloró mucho. Yo le había dejado llave de la casa para que la pudiera llamar a horas que habíamos acordado, hablamos todos los días mientras no estuve, y cuando regresé, me recibió como si me hubiera ausentado por mucho, mucho tiempo.

  Se había quedado dormida en un mueble de la sala cuando ingresé a mi hogar y me recibió muy emocionada, era tarde, pero había tenido el tierno detalle de tenerme una comida preparada, así que nos comimos esas viandas y hablamos mucho, luego de lo cual, salvo en la muerte de mi padre, una salida de ella con su entonces grupo de fotografía y un fin de semana que estuve con mi madre y mis hermanas, no nos hemos separado.

   Y así fue como comenzó esta historia de amor que, gracias a Dios, hemos sabido llevar en las buenas y en las malas, con empuje, dedicación, confianza, respeto, alegrías y tristezas, algunas estrecheces, pero jamás un hambre. Han sido muy buenos años y esperamos en Dios que sigamos así, para que sean muchos más llenos de cosas maravillosas. Felices 24 años de amores mi amada esposa. 

   Y para todos ustedes, nuevamente Felices Fiestas de fin de año, cuídense de los excesos. Pido al Todopoderoso les brinde su favor hoy y siempre a todos ustedes que me han acompañado en este ejercicio modesto de escritura, así como para sus allegados. Nos leemos en la próxima letra. Un abrazo.


Comentarios

  1. Siempre será un gusto leerte mi Martintiririn, felicitaciones a los dos por esos 25 24 de diciembre juntos… que este cuarto de siglo sea solo el inicio de muchos más. Un abrazo para los dos, feliz aniversario y feliz Navidad.

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