Retrospectivas (5)

 

Tomada de https://acortar.link/AiQVNw


Hola de nuevo, espero que se encuentren muy bien. Ya les he contado en otros momentos que me gusta mucho la lectura, y procuro que sea un ejercicio constante, gustándome mucho la aventura, el suspenso, las policiacas y la fantasía. De ahí que tenga muchos autores de estas características, como Tolkien, King, J. K. Rowling y otros.

La sensación de qué va a pasar en la siguiente historia es casi mágica y en lo personal me pasó con  Rowling y su saga de Harry Potter, dado que sus historias fueron publicándose paulatinamente, a diferencia de otros autores a los cuales, cuando me acerqué a ellos, ya tenían sus publicaciones producidas. 

Así que, sin más preámbulos, hoy les traigo la quinta entrega de Retrospectivas, esta serie que comencé por allá en 2022, que viene siendo una especie de autobiografía, ya que ahí he venido contando poco a poco mi modesto recorrer en este camino de la vida. En el blog, en la sección de etiquetas, hay una pestaña llamada Generales, ahí podrán encontrar las letras referidas a esta sección de retrospectivas, por si quieren tener un contexto más amplio de lo que les voy a contar hoy.

En el capítulo anterior, les terminé contando mis inicios en la vida castrense y en la primera visita que recibí de mi padre, tal vez unos tres días después de haber llegado a la Escuela Militar y su mirada de orgullo por su muchacho.

La vida en la Escuela iniciaba temprano, ya que hacia las 5:00 am, comenzábamos nuestra rutina con el toque de Diana: levantarse, tender la cama, correr a los baños al aseo y la afeitada, ponerse el uniforme de diario, que para la época se usaba de color caqui, (el camuflado era para momentos muy puntuales). Luego el desayuno, la formación general y después la instrucción. Receso al mediodía para el almuerzo, más clases en la tarde, alistarse para el trote tipo 4:00 pm, limpieza de armamento, comida a las 6, película los miércoles en la noche y toque de recogida tipo 8:00 o 9:00 pm. 

El calor en Tolemaida era bastante intenso, no sé cómo estará ahora porque hace muchos años que no voy y teníamos el inconveniente de tener dificultades con el agua potable, ya que se iba con bastante frecuencia. Nuestra estancia en la formación constaba de dos momentos, alumnos durante 6 meses y dragoneantes otros 6, tres de ellos con fase de mando en compañías de instrucción de alumnos. Mi temporada de alumno la cumplí en la compañía Antonio Nariño.

Siendo alumno, sufrí una lesión muy fuerte en mi tobillo derecho, que me tuvo en cama tal vez una semana, cosa que no fue del agrado en especial de un sargento de instrucción, que pensaba que yo andaba "mamando gallo" y sacándole el cuerpo al entrenamiento. Esa fue una de las cosas que no me gustaba de la vida castrense, que muchos superiores, no se por qué, veían con malos ojos que las personas nos enfermáramos, como si ellos fueran de acero, fue algo con lo que me encontré repetidas veces con el correr de los años estando al servicio de la fuerza.

Cuando terminamos nuestra fase de alumnos, se dio la escogencia de armas, para pasar a las correspondientes compañías de dragoneantes, y si había algo que yo tenía en claro era que no quería hacer parte de la infantería del Ejército, así que me decanté por servicios especiales. Me habría gustado ser enfermero, pero justo ese año no habían abierto plazas para esa área, así que me decanté por armero, encargado de mantenimiento, lo que me llevó a hacer parte de la compañía Francisco José de Caldas en el pelotón de apoyo logístico, donde culminé mi formación para ascender a Cabo Segundo en agosto de 1991. 

Una semana antes del ascenso, nos leyeron la resolución que nos destinaba a nuestras nuevas unidades, y debo decir que, cuando mencionaron la mía, una fuerte preocupación se instaló en mi ser, ya que me destinaron a una zona del país que, para la época, era una de las más conflictivas en cuanto al orden público se refería. El sargento que leyó los traslados, al final de su lectura me felicitó porque me dijo que iba a ser parte de una de las mejores unidades de Infantería del país, así que, con todo y mis intenciones, mi servicio estuvo ligado a la Infantería por algo más de 4 años. 

Se llegó la ceremonia, me acompañaron mis padres, hermanas y mi novia de la época. Fue la primera vez en que hice uso de un casino de suboficiales, porque invité a mis acompañantes a que tomáramos una bebida antes de emprender el regreso a casa, por cuanto contaría con 15 días de vacaciones antes de presentarme en mi nueva unidad. Estando en esas, mi papá me preguntó que para dónde me iba a ir, a lo que le dije que luego hablábamos de eso. En ese momento estaba feliz, había alcanzado un hito en mi vida, uno que contemple no terminar, porque como les conté en la retrospectiva anterior, un primo me había dicho que yo podría estudiar diez meses, solicitar la baja y así podría obtener mi libreta militar, que era lo que requería en ese tiempo, ya sea para estudiar o trabajar, pero la vida castrense me gustó, pese a ciertos detalles que no congeniaban del todo con mi temperamento. Fue una vida que me cautivó y a la cual le estoy muy agradecido. De esos años posteriores, les contaré en otra entrega. Hasta entonces.  

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