Alegre visita

 

 


Hace unos días, tuvimos la oportunidad y la gran alegría de haber tenido ocasión de disfrutar en casa de la presencia en nuestra casa de mi madre, doña Isabel de Rocha (para los amigos, Chava), con quien no nos veíamos desde el año pasado cuando pasamos unos días en Villao con ella.

Pasó un par de días en casa de mi prima Helena y de Juan, luego de lo cual, pasamos, también don Doris, muchos momentos jugando bastante al parqués y entretenidos con alguna que otra salida ocasional, por aquí cerca de casa y una un poco más distante al Pueblito Paisa, donde consumimos un opíparo almuerzo y una ensalada de frutas, que, debida la cantidad, nos alcanzó como para dos días adicionales en casa.

Infortunadamente y como no hay felicidad completa, dos circunstancias frenaron nuestros intentos de irnos a pasear. El primero, el martes 2 de junio, día en que amanecí con un cuadro gripal bastante fuerte, de esos que desmadejan el cuerpo y causan que la nariz parezca una fuente de agua, razón que me llevó a permanecer aislado todo el día en mi cuarto, con bebidas y medicación.

El miércoles 3 en la noche, en vista de que ya me estaba sintiendo un poco mejor para salir, hicimos planes para irnos a San Jerónimo a pasar un día de sol. De hecho, alcanzamos a dejar lista la maleta. 

Puesta la alarma correspondiente para el otro día, me levanté y comencé mi alistamiento para la salida, cuando Doris me avisó que, en la madrugada, un poco antes de levantarnos, mi madre le había manifestado mediante mensaje de texto, que se sentía muy indispuesta y con mucho dolor en su rodilla, y que ella así no iba para ningún lado, razón por la cual la salida se descartó.

Mi madre, como les conté en alguna otra entrega, ha vivido sola desde el fallecimiento de mi papá, hace ya casi 14 años, cosa que no cambió cuando se fue a vivir a Villao. Allá mis hermanas mantienen pendiente de ella, dándole vuelticas, saliendo con ella, llevándola a sus citas, paseando y demás cosas, pero mi madre en su casa y mis hermanas en las de ellas.

Y en las ocasiones que hemos ido a visitarla, nosotros asumimos ese apoyo tan fundamental. Doris la quiere mucho y le tiene mucha paciencia y sea ocasión, una vez más para agradecerle a ella y a mis hermanas Clara y Angélica por tanto acompañamiento.

Mi madre me había manifestado que tenía ganas de venir a Medellín, cosa que no hacía desde 2022, cuando anduvo de paso por esta ciudad en compañía de mi sobrino Martín, yendo de paseo a Santa Marta, situación que me sorprendió un poco la verdad, porque las veces que ha venido, siempre me ha manifestado que esto por aquí es “muy lomudo” y eso la fatiga mucho, que es algo que no está alejado de la realidad, debido a las características geográficas de nuestra “tacita de plata” y más aún en el sector en donde cohabitamos con mi familia.

Desde los 18 años dejé el nido, regresando al hogar familiar solamente en vacaciones, situación que nos ha llevado a estar algo distantes en el terreno con mi amada progenitora, pero ya con mayores ventajas de cercanía, gracias a la tecnología. 

Mi paso por el Ejército, se acompañó de llamadas con cierta regularidad, y ya cuando me instalé en Medellín, era casi sagrada al menos una llamada semanal a mis padres. La llegada del Internet también nos ha aportado para que nos escribamos, así sea un saludito diario.

En esta venida, nos entretuvimos mucho jugando parqués, hablando de todo un poco, recordando cosas, contando historias y riéndonos mucho.

Ya no es la misma mujer que me enseñó mis primeras palabras, o la que me llevó la mano cuando apenas empecé a escribir, o la que me enseñó mis primeras oraciones. Me encontré con una mujer que, por esas cosas que causa el tiempo, tiene algunas condiciones que nos pueden afectar a todos, que se queja por tantas pastillas que debe tomar a diario, pero que a pesar de eso se las toma. Ya le causa algo de trabajo caminar y sus recorridos no son largos, pero todavía se desenvuelve muy bien en su casa, que va a gimnasia de su grupo de adulto mayor, que hace mandalas y sopas de letras, y le fascina escuchar la música de Silva y Villalba o de Garzón y Collazos, o sentarse a ver y dormir televisión, prefiriendo las películas mexicanas o escuchar los casos de un programa de corte jurídico de cierta dra Polo.

Así que estamos muy agradecidos por la visita y la oportunidad de compartir con ella, pidiéndole al Todopoderoso que nos la siga conservando tan bien como se pueda, dadas las circunstancias propias de la edad.

Y una vez más gracias a Clarita y Angélica, que se toman tan en serio el cuidado de nuestra madre, y a Doris por consentir tanto a la suegra, situación que no siempre puede resultar fácil, porque al igual que todos nosotros, Chava también tiene su temperamento.

Un abrazo y nos leemos en la próxima historia.


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