Cuando las luces se apagan

  

 

     


Por estos días, estamos disfrutando en casa de la compañía de tres simpáticos michis, que nuestra Sofi anda cuidando en el hogar por petición de su propietaria. 

En la primera foto que encabeza esta historia y que le da nombre a la misma, aparecen Lilith, una pequeña gata negra en franco apapache con su sobrino Haku, un mestizo de Siamés, pero que a todas luces le sacó los genes dominantes a su padre. 

En la segunda, aparecemos Leiha, hermana de Lilith y madre de Haku y yo, disfrutando de una placentera siesta. Y aquí una foto más en detalle de Leiha

La primera foto la tomé hace unas noches. Estando ya acostados, tuve que bajar por algo a la cocina, cuando me dio por mirar a la sala y me he sabido encontrar esta simpática escena, cosa que impajaritablemente, me trajo a la memoria un recuerdo.

Por allá a finales de la década del 90, Sony sacó una línea de videocámaras, las Handycan, que contaban, entre muchas cosas, con un visor nocturno para captar escenas en la oscuridad. Para esa campaña utilizaron una situación muy graciosa, protagonizada por un perro y un gato.

La escena comenzaba en una sala, donde los animalitos se encontraban en diferentes posiciones del espacio, alguien apaga la luz y, acto seguido , enciende su cámara con visor nocturno, se acerca al sofá y ahí encontró en franco abrazo a las dos mascotas. Por más que busqué, no encontré el video, pero si la referencia al producto en cuestión.

Ya en otros momentos les he contado algunas historias de los gatos que han pasado por nuestras vidas, si a bien tienen, les dejo los enlaces de las historias previas. 

De bigotes y cariños y  

Otros bigotes, otros cariños 

Así que nuestros actuales inquilinos llegaron un viernes por la tarde, siendo Haku el más reservado, ya que apenas entró, corrió a esconderse. Leiha y Lilith se mostraron un poco más amigables. Se les dispuso el espacio para su arena, el punto de alimentación y algunos cartones para que se desestresaran, al igual que un par de juguetes.

Tienen horarios muy puntuales para sus comidas: 6:00 am, 12:00 m y 6:00 pm, y con el correr de los días, sobre todo al desayuno, suben al cuarto y nos empiezan a rondar por la cabeza y el cuerpo hasta que nos despertamos para darles su porción. Y pareciera que su reloj interno está plenamente sincronizado, porque cuando se va acercando la hora de sus comidas, salen a buscarnos a cualquiera de los tres como diciendo “ya es hora, no te hagas el tonto”.

Desde su primera noche, comenzaron a explorar la casa por todos sus rincones, les encanta el sol, estar ventaneando y chismeando desde la puerta, que los acariciemos, aunque no podemos ser excesivos. Leiha es la que más se deja cargar, pero no es que le guste tanto, es mas de dejarse sobar estando acostada y Lilith busca sentarse en las piernas, que la acaricien un ratito e inmediatamente irse.


   

Haku nos tomó un poco más de tiempo que se dejara acariciar estando en algún mueble, para la muestra, estas dos imágenes, fue la primera vez que logré sentarme a su lado sin que saliera disparado y se dejó acariciar, aunque con sus reservas. 

También se volvió frecuente que en las noches las gatas estén merodeando por nuestro cuarto e incluso se suban a dormir en la cama, a veces una, a veces las dos. Incluso Haku nos sorprendió hace tal vez dos semanas, una madrugada en que irrumpió en el cuarto, subió a la cama y nos pasó revista como preguntando “¿y estos qué?


Doris ha disfrutado de esta compañía, pese a las reservas que tiene frente al hecho de convivir con mascotas por cuanto las separaciones que se han dado en casa con estos seres suelen causarle una impresión muy fuerte, por lo que hoy en día preferimos saludar a los que nos encontramos en el camino o en otras viviendas.

Pero como lo bueno no dura, ya en una semana más o menos, los michis retornarán con su dueña, sin embargo, lo acontecido resultó ser una experiencia muy bonita, ya que los gatos sueles ser criaturas muy graciosas y nos hemos entretenido mucho con ellos. Lo que mas nos gusta, es que pareciera que ellos se han sentido muy a gusto con nosotros, ya que nos buscan, nos juegan y permiten que los acariciemos, eso sí, sin excesos.

Esperamos que sigan teniendo unas buenas vidas gatunas y les agradecemos que nos hayan compartido algo de su maravillosa energía, porque algo seguro, es que nos dejan muy bellos recuerdos. Un abrazo y hasta la próxima.




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