Publicada originalmente en Facebook el 30 de agosto del 2021 La vaina comenzó en febrero, cuando recibí un mensaje de texto donde cordialmente me estaban invitando a ponerme al día con mis obligaciones de semaforización por parte de la entidad de tránsito en donde tenía inscrita a Martina, mi moto. Es de mencionar que sentí cierto resquemor por el pago, ya que, a ese momento, la susodicha Martina llevaba un poco más de siete meses parqueada y envuelta en plástico al frente de mi casa. Dicho sea de paso, ese confinamiento del vehículo se debió a que no pasó la pre revisión de la técnico mecánica que se debe hacer anualmente, y justo cuando iba a hacerla reparar, cosa que conllevaba a reparación total de motor, fue en la época en que aquí en Medellín cerraron el centro. Ya para ese tiempo la verdad es que yo no estaba saliendo mucho que digamos, así que, sin más reparos, Martina compartió el enclaustramiento, como cualquier buen y respetuoso ciudadano de l...