Comprendiendo "Los dolores de la pecosa"
Una vez pasada la fiebre futbolera provocada por el mundial, y para que puedan entender un poco mejor lo que les voy a contar hoy, requiero, si son tan amables, que se remitan a esta historia Los dolores de la pecosa , así que les voy a dar unos minutos para que, por favor, realicen la lectura, misma que no les va a tomar mucho tiempo, como suelen ser estas letras.
Ahora
sí. Durante el mundial, me he sabido encontrar un video sumamente interesante
de un canal de YouTube, llamado Psicología sin filtro, del cual comparto el
enlace porque es la base de mi letra de hoy: https://youtube.com/watch?v=-Uiu_mh8EDM&si=eML2vO7aFShDpT2n
A
través de este video, tuve ocasión de entender un poco más mi poca o nula
empatía con el futbol. Así las cosas, aprendí que la dopamina, la hormona de la
felicidad, se presenta de muchas maneras y nos satisface con diferentes
acciones: disfrutar una comida , escuchar una canción, ver una película, leer
un libro y en el caso de los fanáticos al deporte, acercarse a esa experiencia.
Frente al tema de los libros, doy fe a más no poder, porque soy de esos lectores que se meten en su lectura, se deja transportar a lugares y situaciones, incluso me pasa con mucha frecuencia que, a medida que se van desarrollando las acciones en lo que voy leyendo, suelto expresiones de viva voz, cosa que suele traer preguntas por parte de mi esposa: - ”¿qué fue? ¿qué le paso?”
- “Nada cielo, aquí
leyendo”.
Volviendo
al futbol, como pudieron evidenciar en la letra inicial, mi simpatía por ese
deporte no es muy grande que digamos, y eso me ha traído miradas un poco
extrañas por parte de los amantes de este deporte, algo así como medio bicho
raro, con la ventaja, o al menos para mí, que no me pongo a sufrir de cuenta
propia por lo que los demás opinen, haciendo caso omiso a la disonancia cognitiva,
ese pequeño truco de la mente que busca hacernos hacer cosas para sentirnos
parte del grupo.
Para
no ir tan lejos, el día que Colombia estaba jugando el partido de octavos, a
esa misma hora, andaba en cine con mi esposa y mi nieta menor, riéndome de lo
lindo con una película animada de ciertos personajes de color amarillo engalanados
con bellos overoles azules. aunque debo decir que me causó una grata impresión
ver tal cantidad de gentes que fueron al centro comercial que solemos frecuentar, a disfrutar del partido, con
sus camisetas, cornetas, caras pintadas, bufandas y demás, además de ver la impresionante
cantidad de gentes que, aprovechando el cotejo, coparon los restaurantes de la
zona de comidas.
Súmenle
además que no soy muy dado a los espacios concurridos, salvo quizás funciones
de teatro o presentaciones musicales. De hecho, nuestra última experiencia de
concierto con Doris no salió muy bien que digamos, literal, quedamos al lado de
un parlante y lo más barato que se podía comprar era una botella de agua como a
quince mil pesos, eso fue hace como 5 años.
A
lo que voy con todo esto, es que cada uno de nosotros tiene sus preferencias y
sus pasiones, vibramos con diferentes cosas, y eso está bien. Lo que no lo está,
es ver al otro de manera rara porque no vibra a la misma frecuencia en la que
me encuentro. Así que, luego de este video, me he sentido mucho más tranquilo
conmigo mismo, ya que veo las cosas en otra proporción, y creo que es
importante saber reconocer y abrazar esas diferencias, que no nos hacen raros,
simplemente son distintas formas de sentir, vivir y expresar.
Un abrazo y nos leemos en la próxima letra.
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