Y los cumplimos muy felices
Saludos
a todos, espero que se encuentren muy bien.
Han
pasado treinta días desde mi última letra, y ciertamente no ha sido por falta de
cosas por contar, ha sido más bien falta de ganas de escribir, lo que puede
equipararse al síndrome de la página en blanco, pero si algo así le pudo pasar
a Herman Melville, autor de Moby-Dick o a Franz Kafka, que tuvieron tiempos muy
prolongados sin poder realizar esa actividad, me doy por bien servido por
apenas un mes de estar alejado del teclado.
Así
que, sin más preámbulos, he aquí la historia de hoy.
Anduvimos
con Doris visitando a mi madre y a la demás familia de Villao, y se dio la
casualidad de que, para esos días, Doris cumpliría años, siendo este su primer onomástico
fuera de Medellín.
Para
tal fin y con el ánimo de no pasar el magno acontecimiento en blanco, ya
habíamos estado urdiendo con mis hermanas Clara y Angélica un pequeño ágape
para la feliz cumpleañera para su fecha el 19 de agosto. Sin embargo, una cosa
piensa el burro y otra quien lo arrea. Mi hermano Marco supo de los planes y
como su esposa Cristina también cumple años en agosto, sugirió que por qué no aprovechábamos
y se los celebrábamos de forma anticipada en familia, o al menos los que nos pudiéramos
reunir. Esa propuesta se dio el jueves 13 en la noche.
Mi
hermano, su esposa y suegra, llegaron el sábado 15 en la mañana, almorzamos en
familia y todos fingimos asombro por la feliz casualidad de encontrarnos todos
los hermanos luego de muchos años de no poder hacerlo. Almorzamos, hablamos,
nos reímos y en la tarde nos fuimos con Guille mi cuñado, Marco, Dani, uno de
mis sobrios y yo a jugar billar un rato.
Huelga
decir que, el día anterior mis hermanas y hermano, habían alcanzado a hacer un
alistamiento del agasajo, cosa que resulto medio maratónica dada la premura del
tiempo para el evento. Yo hice mis aportes correspondientes y entretuve a Doris
para que no sospechara nada de la sorpresa.
Y
se llegó el sábado por la noche. Con la excusa de que fuéramos a comer en
familia, llegamos a casa de mi hermana, la cual ya estaba decorada de manera
sencilla con los aditamentos usuales de un cumpleaños, incluida la torta con
dos fotos en caricatura muy bonitas de las cumpleañeras, las cuales se vieron
gratamente sorprendidas. Al poco de estar en casa, llegó la alegría con un
conjunto vallenato conseguido para la ocasión que nos acompañaron por espacio
de una hora. Acto seguido, se dieron algunas palabras de rigor por parte de las
homenajeadas y los integrantes de la familia que estábamos congregados, en
donde no faltaron algunas lágrimas, producto de la emoción.
Luego,
una opípara comida con una deliciosa mamona, con sus papitas y su yuca, para
después dar rienda suelta a las risas, en donde tuvimos oportunidad de
demostrar nuestras dotes de bailarines a través de una forma de entretenimiento
que yo no había llegado a usar, el Just Dance, y resultó sumamente divertido
ver la conformación de los grupos de baile y que tratáramos de seguir las
coreografías que veíamos en la pantalla.
Y
como no podía faltar, también tuvimos nuestro espacio de karaoke, para ir
finalizando con broche de oro, con una deliciosa torta casera.
Mi
madre, Doris y yo, nos fuimos pasada la medianoche, los demás se quedaron hasta
cerca de las tres.
Hubo también un complemento adicional el mismo día del cumpleaños de Doris, que corrió por cuenta de mi madre, doña Chava, quien generosamente nos invitó a almorzar ese día, para lo cual visitamos un restaurante que ofrece comida casera bastante sabrosa.
El
agasajo final, lo tuvimos con motivo de la celebración anticipada de mi propio
cumpleaños dos días antes de nuestro regreso a Medellín, del cual no tuve la
más remota idea hasta el momento que llegué a casa de mi hermana Angélica y vi
una torta decorada con mi correspondiente foto en caricatura. Estuvimos mi
madre, hermanas, mi cuñado Guille, mi sobrino Martín, unos amigos de la casa, Doris
y yo, riéndonos, contando historias y disfrutando un sabroso tamal que preparó Clarita quien, dicho sea de paso, también fue la encargada de preparar las
tortas ya referidas.
Tres
integrantes de nuestra familia, tuvimos la maravillosa oportunidad de celebrar la
vida en compañía de muchos de nuestros seres queridos y puede que nuestra
familia no sea perfecta, como ocurre con todas las familias, pero que se quiere
mucho y que sabe disfrutar los pocos espacios que tienen para compartir, ya que
nuestras propias circunstancias de tiempo, modo y lugar, no nos dan la
posibilidad de reunirnos más seguido.
A
Clara, Angélica, Marco, Guillo, Daniel, Martín, Diosita y a mi madre, y creo que hablo por Doris y Cris, muchas gracias por
habernos permitido vivir esta oportunidad de celebrar la vida en su compañía y
que Dios permita seguir disfrutando muchos más cumpleaños en amor, salud, paz,
generosidad, pero principalmente sabiendo que, pese a las distancias, somos una
familia querendona.
Hasta la próxima.


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